Roberto Arizmendi. En Muerte y Poesía (2015). Roberto Arizmendi Rodríguez y Lina Margarita Zerón Porras (compiladores). Universidad Autónoma de Querétaro.
Soñar junto a la historia – Diálogo Poético
Roberto Arizmendi.
En Muerte y Poesía (2015). Roberto Arizmendi Rodríguez y Lina Margarita Zerón Porras (compiladores). Universidad Autónoma de Querétaro.
He recorrido los espacios de un tiempo
que se pierden con frecuencia entre el polvo de los días
pero nunca su esencia se deslíe
porque son germen y conciencia de un pasado
que sin darles retoque o maquillaje
son presente indubitable.
La voz escrita ha sido un aliciente
en medio de este mar de zozobras y sorpresas que es la vida
donde no se puede concretar el tono preciso de las cosas
porque el tiempo es voraz para el olvido
y casi nunca permite que exista tiempo preciso
para recomponer las líneas de la vida.
Mi madre poco supo de lo que yo canté o dije a cuatro vientos.
No supo quizá cuántas veces alcé la copa para brindar por ella o
recordarla
en cualquier madrugada de recuerdos,
mañanas luminosas o noches de luna inamovibles.
Mi madre lloró a solas,
en silencio,
aunque algunas veces pude descubrir su dolor manifiesto
por lo que no podía construir,
impedida por sus valores o su pensamiento impuestos.
Fue sin embargo una mujer feliz por inmanencia
pero sujeta al vaivén inevitable de las circunstancias
en donde el ser humano tropieza, a veces, sin remedio.
Recuerdo su sonrisa en todo tiempo,
su mirada reflexiva de cariño ilimitado
su afán por celebrarlo todo,
hacer fiesta y gozo sin medida
y encontrar en el menor rescoldo el germen de la dicha.
Me dejaba cada noche una caricia
y junto a ella
la certeza de que el mundo sería sin duda mi dominio
el espacio donde podría construir mis sueños sin medida.
Cuando su voz fue más leve,
yo pude alzar la mía
para que fuera escuchada de múltiples maneras.
Dije mi tiempo, mi pasado, mis discordias,
pero también la enseñanza aprendida
para modelar la dicha, el gozo y la esperanza.
Mi voz fue de alguna manera su voz
no tengo duda.
Mi gozo es la herencia de su decisión innegable
de hacer del tiempo un gozo eterno, impostergable.
Y vago ahora por el mundo
diciendo a todos los que coinciden en mi senda
que el tiempo no es algo inamovible
y que podemos a diario
construir la historia,
nuestra historia,
con los detalles y destellos que soñamos.
Podemos ahora soñar de nuevo junto a la historia
encender la chimenea
decantar el vino
brindar con los que están
pero también con los que ya se fueron
dándoles vida en el recuerdo
para juntos construir el mundo nuevo que anhelamos.
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