Definamos las cosas – Diálogo Poético
José Javier Villareal en Muerte y Poesía (2015) Roberto Arizmendi Rodríguez y Lina Margarita Zerón Porras Compiladores. Universidad Autónoma de Aguascalientes.
José Javier Villareal en Muerte y Poesía (2015) Roberto Arizmendi Rodríguez y Lina Margarita Zerón Porras Compiladores. Universidad Autónoma de Aguascalientes.
estoy triste, muy triste
y mi tristeza se me sube al cuello de la camisa
y hace que ésta me quede grande,
tan grande que desaparezco en su interior.
Pero mi tristeza no desaparece,
no se va a contemplar a los ángeles a la orilla del estanque,
no saca a pasear a mi perra por las plazas de mi colonia;
no, tampoco toma mi auto y decide desaparecer por un rato,
poner el celular en buzón
y ser ilocalizable por horas y horas.
Mi tristeza es tímida y no se va con cualquiera,
no se inscribe en cursos que puedan distraer su atención,
no planea viajes de fin de semana
que rompan la monotonía de sus días.
Creo que ni siquiera ha contemplado la posibilidad de tomar una
terapia.
Mi tristeza es callada, ensimismada y predecible,
gusta de pasear por los mismos lugares,
de salir o entrar a determinadas horas,
de seguir una rutina,
de vestirse con los mismos tonos,
de tomar los mismos alimentos,
de beber el mismo tequila
aunque haya mejores y más baratos.
Tiene una dieta particular,
pero a veces se olvida de comer,
de ciertas fechas aunque depende de su agenda
y de un estricto horario de trabajo.
Mi tristeza va y viene, pero por lo general se siente más
cuando viene;
sabe atajos y gusta de ir en línea recta,
sabe dónde estacionar el auto, dónde comprar su refresco
y en qué determinado lugar tomar el sol.
Mi tristeza es friolenta, yo no;
por eso siempre me pide que apague el clima
o la deje envolverse entre las sábanas;
después se queda quieta, tendida de espaldas con los ojos cerrados,
no habla, no se mueve, sólo suspira;
yo la veo también en silencio, luego veo el techo,
la lámpara, y cierro los ojos.
Mi tristeza tiene gran poder sobre mí,
me he dado cuenta que dependo de ella,
que siempre está conmigo
cuando me baño, me seco, o me lavo los dientes;
a veces logro escaparme en algún sueño,
pero esto es sólo momentáneo,
ocurre muy pocas veces y por tiempos muy breves.
Ahora mi tristeza –como ya señalé– se ha instalado
en el cuello de mi camisa,
ésta se ha vuelto tan grande
que me he perdido en su interior.
Mi tristeza es como un gato;
un gato que no se ve, pero se siente.
Mi tristeza es el ronroneo que escucho
cuando apago el clima,
toco las sábanas,
veo el techo, la lámpara,
y abro los ojos.
Leave a comment